Desbloqueas el celular antes incluso de decidir hacerlo. El reloj acompaña tu sueño, los algoritmos anticipan tus intereses y la inteligencia artificial empieza a participar de tus decisiones.<
La tecnología dejó de ser apenas una herramienta externa. Se volvió parte del ambiente en el que pensamos, deseamos, trabajamos y nos relacionamos.
Este grupo de estudio investiga cómo esa transformación modifica la subjetividad humana: el deseo, el síntoma, los vínculos, la identidad y la propia experiencia de ser sujeto.
Llamo aquí condición posontológica a una situación en la que la separación tradicional entre lo humano y la tecnología deja de ser suficiente para comprender nuestra experiencia. Durante mucho tiempo fue posible preguntar “¿qué es el ser humano?” con la técnica desde afuera, como un instrumento en la mano. Hoy la frontera entre lo humano y lo maquínico, entre lo real y lo virtual, entre lo normal y lo patológico, se ha vuelto difusa — y la pregunta pasa a hacerse desde dentro.
De la fricción de dos piedras a la inteligencia artificial, la técnica nunca fue solo una herramienta: siempre nos transformó por dentro — el cuerpo, los hábitos, los vínculos, la propia idea de lo que somos. Lo nuevo es la intensidad y la invisibilidad del proceso. Tenemos smartphones, smartwatches, cuentas en redes, asistentes de IA — y vivimos convencidos de que lo dominamos todo. Pero los algoritmos que organizan el día se han infiltrado de un modo que apenas percibimos: participamos del mundo de los datos de una manera, en gran parte, inconsciente.
En esa condición, la subjetividad se reformula mediante una normativización silenciosa: la ciencia de datos busca lo inusual, y lo no normativo necesita ser nombrado para ser controlado — desde la alerta del smartwatch hasta el aumento de los diagnósticos de déficit de atención en los niños. ¿Qué hace esto con el deseo, con el síntoma, con la escucha?
Hay además una paradoja que el psicoanálisis sabe leer. Una relación ambigua que recuerda a una especie de “síndrome de Estocolmo digital”: podemos criticar las tecnologías que nos capturan y, al mismo tiempo, sentir fascinación y dependencia de ellas. Como discuten autores de la psicología del desarrollo y de la teoría del apego, la tecnología contemporánea explota mecanismos humanos profundos de reconocimiento, atención y vínculo — el nombre, la mirada, la sensación de ser vistos de manera individual.
No se trata de celebrar ni de demonizar la tecnología, sino de comprender lo que revela, lo que encubre y cómo reformula nuestros afectos, nuestra identidad y nuestra experiencia interior. Y de preguntar, con rigor y sin prisa: ¿cómo preservar y reinventar lo que hay de humano en un mundo cada vez más organizado por máquinas?
El grupo nace de una intersección poco común: décadas de práctica clínica de orientación analítica y una trayectoria profesional dedicada a la tecnología y la innovación, incluida una formación en el MIT. Esa doble escucha — la del consultorio y la de los sistemas técnicos — permite pensar la técnica desde dentro, sin encantamiento ingenuo ni rechazo simplista, siempre a partir del sujeto y de sus consecuencias.
Este grupo se abrirá conforme se forme la primera cohorte. Deja tu interés para recibir información sobre fechas, programa y condiciones de participación.
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